México- Una creciente preocupación se extiende por el país ante los problemas que enfrenta Petróleos Mexicanos (Pemex) para abastecer gasolina y diésel a sus clientes, situación que ya impacta a diversas regiones estratégicas y amenaza con encender focos rojos en el suministro energético nacional.
De acuerdo con un comunicado interno dirigido a distribuidores y franquiciatarios, la Terminal de Almacenamiento y Despacho (TAD) de Mazatlán apenas cuenta con capacidad para entregar diésel hasta el próximo 21 de abril. La falta de inventario ha obligado a redirigir a los clientes hacia otras terminales con disponibilidad, generando un aumento significativo en los costos logísticos para empresarios del sector.
Sin embargo, Mazatlán no es un caso aislado. Reportes de la industria señalan que las terminales ubicadas en León, Guanajuato; El Castillo, Jalisco, y Reynosa, Tamaulipas, enfrentan condiciones similares, comprometiendo el abasto en zonas clave del país. Incluso en Querétaro comienzan a registrarse señales de escasez, lo que incrementa la incertidumbre entre transportistas, distribuidores y consumidores.
Durante marzo, Pemex acumuló al menos 25 interrupciones en sus terminales, mientras que en lo que va de abril ya suma 34, reflejando una problemática persistente que ha obligado a implementar medidas emergentes. Entre ellas destacan el traslado de diésel desde Zapopan hacia Lagos de Moreno, el envío de combustibles desde El Castillo a Manzanillo, y la redistribución desde Saltillo hacia Monclova.
El panorama se agrava al considerar que, aunque la regulación establece una capacidad mínima de almacenamiento de cinco días, fuentes internas aseguran que en la práctica esta cifra es menor. En Reynosa, el almacenamiento se encuentra en niveles críticos, prácticamente en cero, mientras que en el Valle de México apenas alcanza para tres días.
Especialistas advierten que el problema tiene raíces profundas. La analista energética Susana Cazorla explicó que la situación responde a una combinación de factores: el aumento en los precios internacionales del combustible, el encarecimiento del transporte marítimo y terrestre, y los límites en el precio de venta al consumidor.
A esto se suma la incapacidad de Pemex para incrementar su producción de refinados, debido a la caída en la extracción de crudo y fallas operativas en sus refinerías, incluyendo incidentes recientes en instalaciones como Dos Bocas. Como resultado, la empresa se ve obligada a importar combustibles a precios elevados y venderlos con márgenes restringidos.
Datos de la agencia S&P Global Platts revelan que, entre el 27 de febrero y el 15 de abril, los precios de referencia de gasolina y diésel importados desde Estados Unidos aumentaron 58.6% y 32%, respectivamente. En paralelo, el costo de transporte marítimo prácticamente se duplicó, pasando de 225 mil a 415 mil dólares por envío.
Por su parte, Gerardo García, representante de la Asociación Mexicana de Proveedores de Estaciones de Servicio (AMPES), señaló que empresas privadas como Valero y Repsol han reducido sus importaciones ante el encarecimiento del petróleo, derivado de tensiones internacionales como el cierre del Estrecho de Ormuz.
La combinación de estos factores configura un escenario complejo para el país, donde el suministro de combustibles podría verse comprometido en el corto plazo, afectando directamente la movilidad, la actividad económica y la vida cotidiana de millones de mexicanos.









