México- La desaparición de Marco Antonio Sauceda Rocha llegó a un doloroso punto final. Una prueba de ADN confirmó que los restos encontrados en días recientes en Hermosillo corresponden al hijo de la activista sonorense Ceci Flores, desaparecido desde mayo de 2019.
El anuncio fue realizado por el colectivo Jóvenes Buscadores de Sonora, encabezado por Milagros de Jesús Valenzuela Flores, hija de la fundadora de Madres Buscadoras de Sonora. La noticia marca el fin de un ciclo de siete años de búsqueda incansable para la familia Flores y para las organizaciones de búsqueda que la han acompañado en el camino.
Identificación tras años de incertidumbre
La noche del lunes 30 de marzo, el colectivo informó a través de sus redes sociales que la identificación genética realizada por las autoridades confirmó la identidad de los restos hallados en la carretera 26, a la altura del kilómetro 46 en Hermosillo.
“Los restos encontrados en días pasados han sido plenamente identificados y corresponden a nuestro querido hermano, Marco Antonio Sauceda Rocha. La prueba de ADN ha confirmado su identidad”, publicó la organización dirigida por Milagros Flores.
La confirmación llegó días después de que la propia Ceci Flores localizara fragmentos óseos en un paraje de Hermosillo el 24 de marzo. En su mensaje, difundido en X, escribió: “Hoy localicé a mi niño… abrazo tus restos, es lo que me queda”. La ropa encontrada coincidía con la que Marco Antonio llevaba el día de su desaparición: pantalón negro de mezclilla, camiseta guinda marca Nike y un zapato negro.
La activista había adelantado que el deterioro y descalcificación de los restos debido al tiempo transcurrido complicarían el proceso de identificación.
Siete años de búsqueda marcada por la violencia
Marco Antonio, de 32 años, desapareció el 4 de mayo de 2019 en Bahía de Kino junto a su hermano menor, Jesús Adrián, cuando ambos regresaban de su jornada de trabajo. Fueron interceptados por un comando armado que se los llevó por la fuerza.
Para entonces, su madre ya enfrentaba la desaparición de su hijo mayor, Alejandro Guadalupe Islas Flores, visto por última vez en 2015 en Los Mochis, Sinaloa.
Tras recopilar información, Ceci Flores confrontó directamente a quien señalaban como responsable del secuestro de sus hijos, un hombre apodado “El Comander”. La presión surtió efecto parcialmente: Jesús Adrián fue liberado al día siguiente. Prometieron que Marco Antonio también regresaría. Nunca sucedió.
La desaparición de sus hijos impulsó la creación y consolidación de Madres Buscadoras de Sonora, colectivo que hoy agrupa a más de 2,000 familias y que ha localizado más de 1,500 personas en fosas clandestinas y ha encontrado con vida a más de 1,300, según cifras del propio grupo.
La búsqueda ha tenido costos personales profundos: amenazas, desplazamiento, criminalización y episodios como la declaratoria de persona non grata por la Nación Comca’ac en 2025, tras acudir a Punta Chueca para confrontar nuevamente al presunto responsable de la desaparición de Marco Antonio.
Un cierre de ciclo, pero no de lucha
Tras la confirmación, colectivos de búsqueda expresaron solidaridad. “Hoy cerramos un ciclo lleno de dolor, pero también de amor y de memoria. Marco Antonio, siempre vivirás en nosotros. #promesacumplidahermano”, publicó Jóvenes Buscadores de Sonora.
Ceci Flores, sin embargo, señaló que los restos hallados “no corresponden ni a la mitad del cuerpo de su hijo” y expresó su deseo de encontrarlo completo.
Hasta la noche del 31 de marzo, la identificación oficial sólo ha sido confirmada públicamente por el colectivo Jóvenes Buscadores de Sonora. En un video difundido horas antes de la publicación de su hija, la activista afirmó que aún no había recibido notificación formal de las autoridades: “Yo todavía no he recuperado al mío, no me han dicho que si es o no es Marco Antonio”.









