Guanajuato- A sus 52 años, el migrante guanajuatense José Guadalupe Ramos Solano falleció el pasado 25 de marzo mientras se encontraba bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Adelanto, California. Cinco días después de su muerte, aún se desconocen las causas, convirtiéndose en el décimo cuarto mexicano que pierde la vida en medio de los operativos migratorios recientes en Estados Unidos y el cuarto ocurrido en ese mismo centro de detención.
La Secretaría de Derechos Humanos del estado de Guanajuato informó que ya estableció contacto con la familia del fallecido, a través de la Oficina de Enlace en Los Ángeles, para brindar acompañamiento. Ramos Solano vivía en California desde hace 28 años junto a su esposa, Antonia Tovar, y sus dos hijos, José y Gloria. Antes de su detención, trabajaba en una lavandería industrial.
En conferencia de prensa, la esposa del migrante exigió justicia. “Él no merecía morir así, era un hombre muy trabajador y responsable… no nada más me dejó dolor a mí, también a mis hijos, a su madre y a sus hermanos”, expresó entre sollozos. Su hija, Gloria Ramos, también tomó la palabra y denunció las condiciones bajo las que están falleciendo mexicanos en centros de detención. “Lo que le pasó a mi papá fue humillante… Nadie merece pasar por esto”, afirmó con la voz entrecortada.
Según ICE, el migrante tenía diabetes, hipertensión e hiperlipidemia, por lo que —aseguraron— recibió atención médica diaria desde su arresto. Sin embargo, familiares y defensores cuestionan la actuación de las autoridades estadounidenses y piden transparencia en la investigación. La Directora de Protección Consular de la Cancillería, Vanessa Calva, recordó que otros connacionales fallecidos previamente también presentaron complicaciones médicas.
Ramos Solano había sido detenido el 23 de febrero durante un operativo en Torrance, California. ICE señaló que en agosto de 2025 fue sentenciado por posesión ilegal de sustancias controladas y robo, aunque su abogado refutó que hubiera sido convicto por delitos graves, insistiendo en que no correspondía al perfil de criminal al que la administración estadounidense afirmó dirigir sus operativos.
José Guadalupe dejó Silao a los 24 años para buscar mejores oportunidades. Hoy, su familia clama justicia y exige que se esclarezcan las circunstancias de su muerte.









