México- El legendario narcotraficante Ismael ‘El Mayo’ Zambada puso punto final a su historia como jefe del Cártel de Sinaloa. En una audiencia celebrada en la Corte de Distrito de Brooklyn, Nueva York, el capo de 75 años se declaró culpable de narcotráfico y lavado de dinero, y reconoció haber sobornado durante 45 años a políticos, mandos militares y fuerzas policiales en México para mantener su imperio criminal.
Con voz firme, Zambada narró que desde 1969 inició en el tráfico de drogas y que entre 1980 y 2024 su organización introdujo más de mil 500 millones de kilos de cocaína a Estados Unidos. “Reconozco el gran daño que las drogas ilegales han causado a los pueblos de Estados Unidos, México y otros lugares”, dijo frente al juez Brian Cogan, el mismo que sentenció a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en 2019.
El capo describió cómo su estructura criminal se sostuvo gracias a la corrupción: “La organización que dirigí promovió la corrupción en mi propio país al pagar a policías, comandantes militares y políticos que nos permitieron operar libremente. El pago de estos sobornos se remonta a mis inicios y continuó durante todos los años de existencia del Cártel”. Sin embargo, dejó claro que no revelará nombres de los funcionarios implicados.
La sentencia está programada para el 13 de enero de 2026, cuando Zambada recibirá cadena perpetua, evitando la pena de muerte tras aceptar su culpabilidad. El Gobierno de Donald Trump celebró la decisión como una “victoria histórica” y la fiscal general Pam Bondi afirmó: “Morirá en una prisión federal estadounidense, donde pertenece”.
Zambada también aceptó la confiscación de bienes por 15 mil millones de dólares, que pasarán a manos del Gobierno de Estados Unidos. Aun así, sus abogados insisten en que no existe un acuerdo de cooperación con Washington.
El golpe a ‘El Mayo’ fue interpretado por la DEA como el derrumbe del mito de los capos intocables. “Hoy probamos una vez más que nadie está lejos de nuestro alcance”, señaló Terry Cole, titular de la agencia antidrogas.
La caída del último gran patriarca del narcotráfico marca un antes y un después en la lucha contra los cárteles, pero también deja al descubierto una herida profunda: la corrupción enquistada en México durante casi medio siglo.









