Estados Unidos— Las autoridades migratorias de Estados Unidos han intensificado la revisión y cancelación de visas a artistas del regional mexicano, encendiendo focos rojos en la industria musical por la combinación de presuntos fraudes migratorios y posibles nexos con el crimen organizado.
De acuerdo con revelaciones del periodista Javier Ceriani, uno de los casos más recientes y mediáticos es el del cantante Natanael Cano, exponente clave de los corridos tumbados, a quien se le canceló la visa R-1 —un permiso exclusivo para trabajadores religiosos— tras detectarse su uso indebido para realizar conciertos y giras comerciales.
“El uso de la visa R-1 es para ejercer labores en congregaciones, coros o actividades vinculadas a organizaciones religiosas sin fines de lucro. Natanael Cano no pertenece a ninguna iglesia, por eso le retiraron la documentación”, explicó Ceriani.
El caso de Cano no es aislado. Según el periodista, diversas disqueras y representantes han recurrido al mismo esquema para sortear restricciones migratorias, tramitando visas religiosas para músicos y productores que no cumplen con los requisitos. Empresas como Arpa Music, con sede en Los Ángeles, y la disquera de Jimmy Humilde, están en la mira de las autoridades, junto a figuras como Gerardo Ortíz, Ángel del Villar y agrupaciones como Grupo Firme.
A esta vigilancia migratoria se suma una línea de investigación de la DEA y el FBI, que según Ceriani, indaga cómo el narcotráfico habría financiado espectáculos, lavado dinero y promocionado a ciertos artistas. “Migración y la DEA se han unido para revisar declaraciones que ligan al cartel con el financiamiento de la música regional, como Ovidio Guzmán reveló en su momento”, detalló.
El escrutinio advierte Ceriani, no se detendrá en el género regional mexicano: en los próximos meses, podría extenderse a artistas de géneros urbanos de Cuba, República Dominicana y Colombia, donde se teme existan esquemas similares.
Mientras tanto, productores, disqueras y músicos enfrentan un panorama de incertidumbre ante la posibilidad de perder uno de sus mercados más rentables: el público latino en Estados Unidos.









