Yuriria – La masacre ocurrida el pasado 1 de agosto en la comunidad de Santa Mónica Ozumbilla, en el municipio de Yuriria, ha sido calificada como un hecho “atípico” por el fiscal general del estado, Gerardo Vázquez Alatriste, quien aseguró que el caso presenta características poco comunes entre los crímenes registrados en la región.
En el sitio fueron localizados los cuerpos sin vida de seis hombres, todos con múltiples impactos de bala y golpes en la cabeza, presuntamente ocasionados con un marro.
El ataque fue perpetrado mientras las víctimas se encontraban reunidas en una finca campestre, y según los primeros reportes de la Secretaría de Seguridad Pública local, fue ejecutado por un grupo armado no identificado que irrumpió en el lugar durante la noche.
Lo que vuelve singular este caso, según el fiscal, es que tres de las víctimas eran originarias de la comunidad, pero tenían décadas residiendo en Estados Unidos. Una de ellas, dijo, llevaba 30 años viviendo allá, donde tenía una empresa y una “capacidad económica interesante”.
“Es un tema muy interesante, porque las víctimas resultan atípicas por cuanto hace a este tipo de casos… no son personas que tendrían que estar vinculadas con algún tema delictivo, pero ya estamos investigando”, señaló Vázquez Alatriste en rueda de prensa.
El fiscal insistió en que ya existen avances significativos en la investigación, aunque se reservó los detalles para no entorpecer el proceso legal.
Pese a la violencia extrema del ataque, la Fiscalía descartó que se tratara de un mensaje del crimen organizado. Las víctimas, aseguró, no tenían antecedentes delictivos ni vínculos aparentes con actividades criminales. Los tres ciudadanos radicados en EE.UU. se encontraban de vacaciones en la región, y uno de ellos habría nacido en territorio estadounidense.
Las otras tres víctimas, de acuerdo con información preliminar, serían empresarios textiles provenientes del municipio de Moroleón, aunque hasta el momento sus identidades no han sido reveladas oficialmente.
El caso ha generado conmoción en la región sur del estado, especialmente por la brutalidad con la que se cometió el crimen y por la aparente falta de móvil claro. La finca donde ocurrió el ataque fue asegurada por la Fiscalía, que continúa con las indagatorias.
Mientras tanto, en Santa Mónica Ozumbilla, el silencio se impone como reflejo de una comunidad golpeada por la violencia, en donde el miedo vuelve a instalarse, incluso en espacios pensados para el descanso y el reencuentro familiar.









