Tabasco- Con la llegada de Adán Augusto López Hernández como Gobernador de Tabasco en enero de 2019, el robo de combustibles se salió de control.
Datos oficiales revelan que, en tan solo un año, las tomas clandestinas a Pemex aumentaron un 167%, al pasar de 201 en 2018 a 536 en 2019.
La entidad se convirtió rápidamente en un foco rojo para la petrolera mexicana, justo en medio de la llamada lucha contra el huachicol impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
El antecesor de López Hernández, el perredista Arturo Núñez Jiménez, había entregado un Tabasco con actividad delictiva al alza, pero sin precedentes del nivel que se alcanzó tras 2019.
Informes militares señalan que en esa época el estado era escenario de un coctel criminal encabezado por la organización “La Barredora”, con nexos con células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Bajo el mando de Hernán Bermúdez Requena, “Comandante H”, operaban figuras como Carlos Tomás Díaz, “Tomásin”; Euler Ruvalcaba Colorado, “Comandante Rayo”, y Roger Pérez Salazar, “Profe”, jefe de plaza en Macuspana, Tacotalpa, Jalapa y Teapa.
Otros capos locales como Felipe Mollinedo Montiel, “Águila” en Huimanguillo y Eleazar Sierra Chávez, “Comandante Chelo” en Playas del Rosario, consolidaron territorios clave para el trasiego.
Además, proliferaron grupos independientes de huachicoleros: Uriel García Flores, “Pescuezo”; Lucero Naranjo García, “La Patrona”; Tania Libertad Morales, “La Jefa”; y Gerardo Ovando Jiménez, “Yayo” o “Tigre”.
El resultado fue un incremento sin precedentes en las perforaciones a ductos de Pemex, que colocó a Tabasco en el mapa de entidades más golpeadas por el robo de combustibles.









