Guanajuato- “Soy gay, soy lesbiana, soy bisexual, soy transexual… soy humano”. Con esta consigna y una multitud de colores, música y mensajes de orgullo, más de 800 personas privadas de la libertad hicieron historia en Guanajuato al protagonizar la primera Marcha del Orgullo LGBTI+ dentro de los centros penitenciarios estatales.
Por primera vez, los Centros Estatales de Prevención y Reinserción Social (Cepreresos) se transformaron en espacios de visibilidad, inclusión y dignidad para una comunidad que por años vivió en silencio. Entre muros de concreto se desplegaron banderas arcoíris, pancartas con frases como “Me amo como soy” y “En un mundo lleno de prejuicios, la valentía de ser auténtico es un acto revolucionario”.

En total, 828 personas participaron en la jornada, de las cuales 310 son mujeres. Lo hicieron con alegría y acompañadas por personal penitenciario, en un ambiente de respeto y seguridad. Las actividades incluyeron desde proyecciones de películas como Bohemian Rhapsody, concursos de Reina del Orgullo, pasarelas, pláticas informativas y, sobre todo, momentos para contar historias que hasta ahora habían permanecido invisibles.
“Estamos muy emocionadas porque esto nunca había ocurrido en el Sistema Penitenciario y fuimos afortunadas en ser una de las primeras parejas en cumplir su sueño”, dijeron Elitani y Joselyn, dos mujeres privadas de la libertad que contrajeron matrimonio como parte de las seis bodas celebradas, de las cuales dos fueron matrimonios igualitarios.

El evento marcó un antes y un después para quienes decidieron mostrarse tal como son. Alexa, organizadora de la marcha en su centro de reclusión, lo resumió así: “Quiero levantarme y decir: en la cárcel hay gays. Y somos fuertes.”
La Secretaría de Seguridad y Paz, a través del Sistema Penitenciario Estatal, reforzó su política de no discriminación alineada con el Decálogo del Gobierno de la Gente, impulsado por la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, donde se coloca la dignidad humana en el centro de toda política pública.
“Hoy reconocemos con respeto a quienes, desde su identidad, su orientación y su historia, nos recuerdan que la dignidad humana no tiene etiquetas”, afirmó el secretario de Seguridad y Paz, Juan Mauro González Martínez.
Las voces de Azucena, Grecia, Carla y muchas más se alzaron entre los muros, dejando claro que, aunque privadas de su libertad física, mantienen intacta su voz y su derecho a ser. “No me pidas que me arrepienta de ser quien soy. Si algo me salvó, fue encontrarme”, dijo Azucena.









