Oxchuc, Chiapas – La imagen es impactante y ha generado una ola de indignación en redes sociales y entre la comunidad: el alcalde de Oxchuc, César Gómez López, y su tesorero fueron cargados en hombros por habitantes durante casi dos kilómetros, en una procesión adornada con palmas y flores. Todo esto, como condición para aprobar la construcción de un camino de concreto en el ejido El Retiro, según denuncian pobladores.
Videos difundidos en redes sociales muestran a Gómez López siendo transportado en una silla decorada con globos, mientras es acompañado por música y pobladores que, con esfuerzo, cumplen con lo que muchos consideran una humillación.
“Nos obligó a hacerlo para que aceptara la obra, como si fuera un rey”, mencionó uno de los habitantes, cuya identidad prefirió mantener en el anonimato por temor a represalias.
El hecho ha provocado reacciones de indignación tanto en la comunidad como entre organizaciones civiles, que han exigido una explicación oficial por parte del edil. Sin embargo, hasta el momento, Gómez López no ha emitido ninguna respuesta sobre los señalamientos.
Además del polémico acto, la reciente designación de Floriberto Gómez como director de Obras Públicas ha avivado el descontento dentro del Frente Comunitario por la Libre Determinación de Oxchuc. Según miembros de este grupo, su nombramiento fue impuesto sin consulta a las bases, lo que va en contra de los principios de autogobierno de la comunidad.
Las acusaciones en su contra van más allá: testimonios afirman que Gómez ha financiado la compra de armas y cartuchos en enfrentamientos previos, lo que ha generado incertidumbre sobre el destino de los recursos municipales. Asimismo, otros individuos presuntamente vinculados a grupos armados han sido designados como supervisores de obras públicas sin aprobación de la Asamblea General.
Este caso recuerda lo ocurrido el 12 de abril de 2013, cuando el entonces gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, fue cargado en hombros por habitantes de Oxchuc. Sin embargo, en aquella ocasión, se dijo que el acto fue una muestra de bienvenida y no una exigencia de la autoridad.
Hoy, la historia se repite, pero con un giro preocupante: la humillación como requisito para acceder a derechos básicos como la obra pública.
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