México- México enfrenta un preocupante repunte de síndrome coqueluchoide, una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que en lo que va de 2025 ya registró 4 mil 339 casos, cuadruplicando los 997 contagios acumulados durante todo 2024, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud correspondiente a la Semana Epidemiológica 32.
Este incremento repentino ha encendido las alarmas entre especialistas y autoridades de salud, principalmente porque los principales afectados son niñas y niños menores de 5 años, un sector particularmente vulnerable por su sistema inmunológico aún en desarrollo. De los casos confirmados hasta el momento, 2 mil 316 corresponden a mujeres y 2 mil 023 a hombres, lo que revela una ligera predominancia en pacientes femeninas.
Las cifras por entidad reflejan un avance acelerado y generalizado de la enfermedad en prácticamente todo el territorio nacional. Estados como Guanajuato (354 casos vs 130 en 2024), Coahuila (241 vs 4), Ciudad de México (425 vs 33) y Chihuahua (312 vs 129) concentran algunos de los aumentos más drásticos. Incluso entidades con baja incidencia el año pasado, como Aguascalientes (11 casos en 2024), hoy reportan 228 contagios en solo ocho meses.
¿Qué es el síndrome coqueluchoide?
El síndrome coqueluchoide provoca accesos severos de tos acompañados por un sonido característico tipo silbido conocido como “canto de gallo”, además de jadeo, vómitos y, en casos más graves, convulsiones y dificultad respiratoria.
Se transmite fácilmente mediante las gotas que una persona enferma expulsa al toser o estornudar, por lo que la convivencia en espacios cerrados o escolares eleva aún más el riesgo de propagación.
Especialistas advierten que la falta de vacunación o esquemas incompletos con la vacuna DTP, que previene enfermedades como la tos ferina, podrían estar influyendo directamente en este repunte, y llaman a los padres y madres de familia a acudir a los centros de salud para completar el esquema de inmunización de sus hijos.
El tratamiento incluye antibióticos durante al menos dos semanas, hidratación constante y, en el caso de niños menores de un año, hospitalización para garantizar una adecuada oxigenación. No obstante, la prevención sigue siendo la mejor herramienta para detener el avance de una enfermedad que, de continuar con este crecimiento acelerado, podría convertirse en una verdadera emergencia pediátrica nacional.
Las autoridades sanitarias han reiterado que “no hay razón para alarmarse, pero sí para actuar”, reforzando las medidas de higiene, evitando la automedicación y llevando a los menores con síntomas al médico de forma inmediata.









