Morelos— Riesgos para influencers vinculados al crimen vuelve a estar en el centro de la conversación luego del asesinato de Camilo Ochoa Delgado, conocido en redes sociales como “El Alucín”.
Su ejecución a balazos, ocurrida en Temixco, Morelos, sorprendió tanto a seguidores como a críticos, quienes recordaron que el influencer había construido su fama pública a partir de un pasado como sicario del Cártel de Sinaloa y su posterior intento de concientizar a los jóvenes sobre las consecuencias del narcotráfico.
Camilo Ochoa hablaba sin filtros sobre los episodios más violentos que vivió. En transmisiones, entrevistas y pódcast, relató cómo llegó a controlar una plaza en Mazatlán, cómo se enfrentó a enemigos dentro y fuera del grupo criminal e incluso narró un secuestro perpetrado por La Zeta, que le cambió la vida.
Tras abandonar el mundo delictivo, decidió compartir su historia con el objetivo de evitar que otros siguieran ese camino, una intención que lo llevó a ganar gran notoriedad.
Pero esa misma visibilidad lo dejó también expuesto. En enero de 2025 circularon panfletos en Culiacán que lo vinculaban, junto a otras figuras como Peso Pluma o Markitos Toys, con la facción de Los Chapitos. En los volantes se les acusaba de financiar actividades del grupo criminal y se pedía a la población dejar de seguirles en redes. Al menos seis personas mencionadas en esos documentos fueron asesinadas durante los meses siguientes, lo que llevó a muchos a considerar esos volantes como una advertencia letal.
La Fiscalía General del Estado de Morelos confirmó que el homicidio ocurrió la tarde del sábado 16 de agosto. Vecinos de la colonia Lomas de Cuernavaca escucharon varias detonaciones y reportaron la presencia de un vehículo sospechoso. Al ingresar al domicilio, las autoridades encontraron el cuerpo de Ochoa en el baño, con múltiples impactos de bala. Minutos antes, él mismo había transmitido en vivo su outfit del día, detalle que aumentó el impacto de la noticia en redes sociales.
La muerte de Camilo Ochoa pone de relieve que abandonar el mundo del crimen no garantiza protección permanente. Aun alejados de los cárteles, muchos exintegrantes quedan marcados por su historia o por la percepción del público. Este caso abre nuevamente el debate sobre los límites entre contar una experiencia difícil para prevenir a otros y exponerse a represalias silenciosas.









