Estados Unidos— En el primer minuto de este 1 de agosto, entrará en vigor un nuevo arancel del 30% impuesto por Estados Unidos a México, como represalia por el presunto incumplimiento en el combate al narcotráfico y al tráfico de fentanilo.
Este anuncio, que sacudió los ánimos en el Congreso mexicano, generó reacciones encontradas entre senadores y diputados, desde la preocupación más profunda hasta un cauto optimismo.
El senador del PAN, Ricardo Anaya, no se guardó nada: calificó como “devastador” el impacto de esta medida y criticó con dureza al Gobierno federal.
“Nosotros no aceptamos esta postura de brazos caídos. Estos aranceles destruirían la economía mexicana. Lo que está en juego es la comida, el transporte, la educación y el empleo de la gente”, dijo, visiblemente indignado.
Para Anaya, esta acción sería “la puntilla” para una economía que, según él, ya va en picada. Exigió al Gobierno resultados inmediatos, no excusas.
En contraste, el diputado de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, lanzó un mensaje conciliador. Aseguró que México ha cumplido con los requerimientos de Washington y que no espera un “ramalazo arancelario”.
“Confío en una actitud justa por parte de Estados Unidos y en que se mantenga la integración comercial”, afirmó el morenista.
Dijo también que la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado pasos firmes al cerrar el boquete fiscal heredado por el huachicol, lo que refuerza la posición económica del país.
Desde una óptica más técnica, el senador del Verde Ecologista, Jorge Carlos Ramírez Marín, reconoció que, de concretarse los aranceles, los productores mexicanos sufrirán.
Sin embargo, sostuvo que el verdadero golpe lo recibirán los consumidores estadounidenses, quienes verán encarecidos los productos importados de México.
Ramírez Marín mantiene la esperanza de una rectificación por parte del Gobierno de Joe Biden. “No se ha escrito el último capítulo”, dijo, apostando por una salida diplomática de última hora.
El reloj corre. Mientras tanto, la economía mexicana se encuentra ante un posible punto de inflexión, en medio de tensiones bilaterales, exigencias internas y un escenario global cada vez más frágil.









