México— La relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha dado un giro que pocos creyeron posible hace apenas unos meses. Tras un sexenio marcado por tensiones y restricciones a la participación de agentes norteamericanos, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) volvió a abrir sus puertas a fuerzas mexicanas para iniciar un nuevo entrenamiento dirigido específicamente a combatir a los capos que operan en la frontera común.
A través del llamado Proyecto Portero, la DEA capacitará a elementos mexicanos en centros policiales ubicados en territorio estadounidense. Ahí, expertos de inteligencia, fuerzas militares y fiscalías federales compartirán estrategias para desmantelar estructuras criminales que coordinan el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y el retorno de efectivo y armas hacia México. Se trata de un movimiento que, según la agencia, marca el inicio de una “nueva era” en la cooperación binacional.
Terry Cole, el nuevo jefe de la DEA, no dudó en subrayar este cambio de rumbo. “Este es un primer paso audaz en una nueva era de aplicación de la ley a lo largo de la frontera, y avanzaremos sin descanso hasta desmantelar estas organizaciones violentas”, declaró al anunciar la colaboración con el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. La agencia confirmó que, por ahora, no se han detallado oficialmente las instituciones mexicanas que aportarán personal, pero fuentes estadounidenses destacan el papel decisivo del Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Durante el sexenio anterior, la entonces titular de la DEA, Anne Milgram, reprochó en múltiples ocasiones la falta de colaboración por parte del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Cole, en contraste, elogió públicamente a García Harfuch por su disposición y sus logros en incautaciones de fentanilo y metanfetamina, así como por la inédita entrega a Estados Unidos de 55 presuntos jefes y operadores del narcotráfico, de los cuales él mismo recibió a 26 en Washington.
Este relanzamiento de la cooperación no solo recupera el entrenamiento que fue suspendido tras el caso Cienfuegos en 2020, sino que incluye también patrullajes espejo con el Comando Norte del Departamento de Defensa estadounidense. La frontera vive así un momento decisivo: por primera vez en años, ambos gobiernos construyen una estrategia conjunta basada en confianza, intercambio de información y acciones coordinadas.









